ROCINANTE 138

2 Rocinante ABRIL El país de los ciegos, de H.G. Wells (fragmento) A proximadamente a trescientas millas del Chimborazo y a cien de las nieves del Cotopaxi, en la región más desierta de los Andes ecuatoriales, ábrese el valle misterioso donde existe el país de los ciegos. Hace cuatro siglos todavía era el valle ase- quible, aun cuando siempre insondables precipicios y peligro- sos ventisqueros lo rodearon casi totalmente. Y tal vez entonces fue cuando algunas familias de indígenas incaicos se refugiaron en él para huir de la tiranía de los colonizadores españoles. So- brevino después la terrible erupción del Mindovamba que hun- dió durante diecisiete días a Quito en las tinieblas; y desde los manantiales hervorosos de Yaguachi hasta Guayaquil, flota- ron sobre todos los ríos peces muertos. No hubo parte en la ver- tiente del Pacífico donde no se registraran desprendimientos formidables, súbitos deshielos que originaran inundaciones; y la antigua cúspide montañosa del Arauca rodó por la vertiente de la cordillera con ruido infinitamente multiplicado de catara- ta, cegó los caminos, y formó para siempre una barrera infran- queable entre el país de los ciegos y el resto del mundo. En el momento de producirse este horror geológico, uno de los primeros colonos del valle había partido hacia las lejanas co- marcas habitadas, con una delicada misión; y como al regreso no pudiera encontrar el camino ni abrirse ruta alguna, se vio forzado a dar por muertos a su mujer, a su hijo y a cuantos había dejado en la montaña, y a crearse una existencia nueva; pero las dolencias y la ceguera lo envejecieron en pocos años, y al cabo fue a terminar sus días obscuramente en una mina. ¿Por qué causa abandonó el refugio a donde fuera transporta- do muy niño, envuelto en harapos, sobre el lomo de una llama? La versión que dio de su peregrinación y de la vida de sus com- pañeros en el retiro inaccesible constituyó el origen de una leyenda perpetuada hasta nuestros días en toda la cordille- ra andina.

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI4ODc=