“Pero, no; no era una figuración. El asesor colegiado Kovaliov se tiró precipitadamente de la cama, sacudiendo la cabeza con preocupación: ¡no tenía nariz! Pidió su ropa al instante y partió como una flecha a ver al jefe de policía”La Nariz es un relato breve, un cuento que nos narra la historia de un funcionario de medio pelo de la administración rusa que un día despierta y nota que su nariz se ha salido de su cara, que simplemente no se encuentra ahí donde naturalmente debería estar, habiendo en su reemplazo nada más que la lisa piel, “como si se tratase de un panqueque” nos dice el mismo narrador. Esto es extraño, lo sé, pero es el juego que nos propone el autor para inmiscuirse en la intimidad cotidiana del protagonista, evitando además las fuertes censuras del régimen de la época y logrando caricaturizar, al mismo tiempo, a la sociedad peterburguesa. El protagonista se extraña y desespera, debe cumplir con las formas que su cargo le obliga y claramente la falta de nariz produce un menoscabo en su apariencia de funcionario reputado. Considérese la valoración extremada que se poseía del aparato burocrático y, por ende, de la carrera de funcionario público, de las formas y maneras, además de comportamientos sociales que exigía. Pues bien, la narración no se queda sólo en aquel extraño hecho. Prontamente nuestro protagonista -el asesor colegiado Kovaliov- emprende la búsqueda de su nariz, enterándose que esta ha adquirido una vida social propia, ha asumido un cargo en la administración pública como funcionario, un funcionario incluso de mayor rango que él mismo. Kovaliovle sigue el paso, se exaspera, no sabe cómo afrontarlo debido a su menor rango social –todo un contrasentido considerando que se trata de su propia nariz- y finalmente pareciera ya haber abandonado toda posibilidad de una vida normal para cuando un policía llega un día cualquiera y le retorna su nariz. Días después esta aparece adherida nuevamente en su rostro, y Kovaliovvuelve a su vida ordinaria de funcionario, como si aquella vida en San Petersburgo fuese todo lo que siempre hubiese deseado. A este puñado de relatos, los relatos comúnmente denominados “de San Petersburgo”, momento en que Gógol hace este giro ya mencionado y comienza a reflexionar sobre la vida del hombre común y corriente, no ya de las grandes batallas bélicas o hazañas heroicas como era el común denominador literario hasta entonces, el hombre inserto en esta gran ciudad rusa. Hay un antes y un después en la literatura desde que nacen este conjunto de relatos, hay una fantasía en Gógol, un humor,todo ello que conduce a un realismo severo en cuanto al fondo. Sí, porque por muy nariz desprendida sobre la que hablemos, desde acá el hombre se ha convertido en objeto material de análisis, inspiración, estudio. Borrón y cuenta nueva, hay muy pocos sobre los que se pueda decir que han redefinido todo el arte: Gógoles uno de ellos. Borrón y cuenta nueva. Una explosión en la que el arte dejó de mirarse el ombligo y, en cambio, permitió que la vida misma se colara de lleno entre sus líneas.
“Efectivamente, a los dos minutos salió la nariz. Vestía uniforme bordado en oro, de cuello alto, y pantalón de gamuza y llevaba la espada al costado. El penacho del tricornio indicaba que poseía el rango de consejero de Estado. Según todas las apariencias, estaba haciendo visitas. Miró a un lado y a otro, llamó de un grito al cochero, subió al carruaje y partió. El pobre Kovaliov estuvo a punto de volverse loco.”
TOMADO DE: https://loqueleimos.com/2010/12/la-nariz-nikolai-vasilievich-gogol/
